Ayuda a tu hijo a mejorar su inteligencia emocional en 4 pasos

No lo leas, escúchalo.

Desde  las  teorías  de  la  inteligencia  emocional  se  resalta  que  nuestras  capacidades  de  percepción, comprensión  y  regulación  emocional  son  de  vital  importancia  para  la  adaptación  a  nuestro  entorno  y contribuyen  sustancialmente  al  bienestar  psicológico  y al  crecimiento  personal. Teniendo en cuenta éstos datos, así como la evidencia de observar en consulta a niños/as  que cada día van al colegio con ansiedad (ante los exámenes, por el nivel de exigencia, por dificultades para relacionarse con sus compañeros, etc.),así como el estrés que genera a los padres querer ayudar a sus hijos y encontrarse a veces un poco perdidos, nos parece importante ofrecer algunas recomendaciones que ayuden a mejorar la regulación emocional de padres e hijos, como una forma de contribuir al bienestar de la familia.

Primero: ser un ejemplo para nuestros hijos

  En primer lugar, debemos poder detectar cuales son las emociones que estamos sintiendo como padres ante las emociones que percibimos en nuestros hijos. Los adultos somos un ejemplo para los más pequeños, por tanto la mejor manera de enseñar a un niño a pararse a observar lo que siente es que nos vea haciéndolo, además no podremos enseñar algo que nosotros no sabemos hacer, la práctica es fundamental.

Veamos un ejemplo: Pedro es un niño de 10 años al que siempre le ha gustado ir al colegio, pero en las últimas semanas sus padres lo ven nervioso, dice que no quiere ir y finge estar enfermo por las mañanas para que no le lleven. Sus padres al percibir esa actitud, sienten un gran temor a que Pedro pueda estar sufriendo bullying; su primer impulso ante ese miedo es ir a hablar con la tutora de Pedro para preguntar cómo se relaciona con sus compañeros; en lugar de eso, respiran hondo, toman conciencia de ese miedo y deciden hablar primero con Pedro para que les cuente qué le ocurre en el colegio.

Segundo: ayudarle a identificar sus emociones

En segundo lugar, tras conocer nuestras emociones en esa situación, trataremos de identificar las de nuestros hijos/as, y les ayudaremos a nombrarlas para poder calmarlas. Los niños/as son unos verdaderos expertos en las emociones, su cerebro emocional está completamente desarrollado y funciona a pleno rendimiento, no ocurre lo mismo con la parte más racional del mismo que se encuentra en construcción, por lo que necesitan la ayuda externa de los adultos para  calmar la frustración que genera en ocasiones no entender lo que les ocurre.

Siguiendo con el ejemplo, los padres de pedro hablan con él: cariño, últimamente te notamos un poco nervioso a la hora de ir al colegio y estamos preocupados, nos da miedo que tengas problemas con algún compañero y nos gustaría saber qué te ocurre para poder ayudarte. Pedro les dice: no sé muy bien que me pasa, siempre he sacado buenas notas pero pronto nos tocará hacer pruebas de atletismo en educación física, y sé que no podré hacerlo, se me da fatal correr y saltar y no quiero suspender. No quiero ir al colegio para no tener que hacer las pruebas.

Tercero: que aprenda a manejarlas

El tercer paso: una vez sabemos lo que están sintiendo, les ayudaremos a regularse. Normalizando lo que les pasa, todos sentimos emociones que  veces no nos gustan, se escapa a nuestro control y sobretodo, todas tienen una función, por tanto ahora toca ayudarles a buscar la función de la emoción que sienten, para que puedan entender lo que les ocurre y de esa manera sentirse más seguros.

 Veamos lo que pueden hacer los padres de Pedro: has sido muy valiente contándonos cómo te sientes, es normal que sientas miedo a no poder realizar esas pruebas tan bien como te gustaría, eres un niño responsable y estás acostumbrado a sacar buenas notas. Esos nervios que sientes son naturales, significan que quieres hacerlo bien, por nuestra parte queremos que sepas que lo importante es que te esfuerces y lo hagas lo mejor posible, no la nota que te pongan.

Cuarto: respirar con tranquilidad

En último lugar, si con los pasos anteriores no ha sido suficiente para que el niño/a se sienta más capaz de manejar sus emociones, le animaremos a respirar con tranquilidad dejando que la emoción fluya, porque la buena noticia es que por desagradable que nos resulten las sensaciones asociadas a una determinada emoción, si no ponemos obstáculos, siempre son pasajeras.

Para terminar, la madre de Pedro, le cuenta: Cuando yo siento nervios, se me encoge la tripa, y me ayuda mucho respirar hondo, cogiendo aire por la nariz y soltándolo despacito hasta notar cómo la tensión de mi tripa se afloja. ¿Qué te parece si  lo pruebas? El papá de Pedro le dice; si quieres, Este fin de semana podemos entrenar un poco juntos.

Esta forma de relacionarnos puede resultarnos un poco complicado, en muchas ocasiones los padres no recibieron en su infancia educación emocional, por lo que necesitarán paciencia y mucha práctica para aprender este nuevo lenguaje, si necesitas ayuda en este camino en PSINTRA apoyamos la crianza con servicios como la terapia infantil.

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Ayuda a tu hijo a mejorar su inteligencia emocional en 4 pasos
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Como padres, debemos esforzarnos en comprender lo que nuestros hijos sienten para ayudarlos a crecer como personas.
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