¿Existen de verdad los celos infantiles?

No lo leas, escúchalo.

Antes de continuar con la lectura de este post, os proponemos cerrar los ojos unos segundos y dejar que os venga a la mente la imagen de un niño o una niña celoso… ¿A que es fácil que se os aparezca la estampa de un pequeño empujando sutilmente la cuna de su hermanito a ver si éste se lleva un pequeño susto? Es una conducta agresiva que encajaría en la versión (muy light) de la historia de Caín y Abel.

Esa es sin duda una imagen arquetípica de los celos infantiles, y es una de las principales causas de la ansiedad de padres y madres en la crianza con apego de sus hijos. Pero ni es la única, ni la más habitual.

De vuelta a las rabietas infantiles

Cuando un niño se siente mal por la llegada de un nuevo bebé a la familia, puede expresarlo de muchas formas, no sólo dirigiendo su ira hacia el hermano pequeño. Por ejemplo, mediante comportamientos propios de una edad inferior a la que tiene (las llamadas “regresiones infantiles”, como niños que hablan perfectamente y empiezan a comunicarse mediante sonidos guturales propios de un bebé o con palabras incompletas); pidiendo ayuda para hacer cosas que sabe hacer solo (vestirse, hacer pis…); o mostrando a mamá y a papá su (casi) permanente disconformidad con todo aquello que éstos le plantean, y además de forma muy airada… Sí, hablamos de la vuelta a las tan temidas rabietas infantiles, de las que os hablamos en una entrada anterior en este blog.

Si os fijáis, en los ejemplos que os hemos puesto el recién nacido no es el foco del malestar del hermano mayor; el foco está en mamá y papá. El niño percibe que el vínculo con ellos está en peligro porque ahora hay que compartirlos, y no hay nada más sagrado para un pequeño que la plena disponibilidad emocional de mamá y papá. Y así es cómo lo explicamos en la consulta a las madres y padres que nos preguntan qué es el apego, porque estamos hablando de la base del apego seguro.

Por tanto, ¿existen los celos infantiles? Sí, pero entendidos como un proceso de duelo, de ruptura, por el que pasan niños y niñas y que tiene un denominador común: el vínculo con sus progenitores se transforma. Mamá y papá siguen estando conmigo, pero ahora de otra forma.

¿Por qué puede tener celos mi hijo?

Teniendo en cuenta esto, la visión  de lo que llamamos “celos” se transforma y se puede aplicar a otras situaciones, no sólo ante la llegada de un nuevo hermano a casa. El denominador común es que padre y madre, por diferentes circunstancias, se ven obligados a dirigir mucha atención a otro foco que no sea su hijo. Por ejemplo, ante cambios laborales en los padres (mamá o papá pasan se reincorporan al trabajo después de un período de inactividad prolongado; o ahora tienen que viajar a menudo) o ante la enfermedad de un familiar (una abuela, un tío) que obliga a los adultos a dedicarles mucha atención que no pueden dedicar ahora a su hijo.

Y ante esto, ¿podemos hacer algo? Sí, sin duda. Seguramente no podemos evitar muchas de estas circunstancias (enfermedades, cambios laborales), pero sí podemos prepararnos para afrontarlas y, fundamental, podemos acompañar a los más pequeños para que integren de la mejor forma posible estos cambios. ¿Cómo? Ahí van algunas ideas como cierre:

¿Cómo puedo solucionarlo?

  1. Explicar a los niños con antelación los cambios que se van a producir. Adaptando la información a su edad y sin abrumarles con detalles que a lo mejor no necesitan.
  2. Cuando los cambios son inesperados y no podemos anticiparlos, es clave hacernos nosotros, como adultos, un plano mental rápido en el que visualicemos qué papel va a tener el niño, y explicárselo. Aunque no podamos diseñar un plan específico, es importante dar al niño referencias que le van a ayudar a sentir que no va a estar solo ante los cambios.
  3. Prepararnos para sus preguntas. Y ser sinceros con nuestras respuestas. A veces, no sabremos qué decirles, y esa es la mejor respuesta: “hija, no he pensado en eso aún; en cuanto lo sepa, te lo explicaré”. Mucho mejor que decirles eso que algo que luego no vamos a poder cumplir.
  4. Ser comprensivos con sus cambios de comportamiento, especialmente con eso que llamamos “llamadas de atención”. Cuando un niño llama la atención es porque necesita atención. Démosle atención (la que podamos y lo mejor que podamos), y, como señala Daniel J. Siegel, el niño se “sentirá sentido”.
  5. Lo más importante: aceptación incondicional. Un niño que “se porta mal” no se ha convertido en un niño malo, sino en un niño con necesidad extra de cariño y protección ante los cambios. Eso es lo que busca cuando habla como un bebé o cuando, de repente, se le ha olvidado cómo ponerse los calcetines (aunque a nosotros, padres y madres, nos parezca que mi hijo me maltrata psicológicamente con la única finalidad de poner a prueba una paciencia que no tiene no el Santo Job).

Si a pesar de seguir estos consejos todavía tienes dudas o problemas para ayudar a tu hijo a sobrellevar sus celos, no dudes en contactar con nosotros. En PSINTRA somos especialistas en la crianza con apego y te ayudaremos en el desarrollo de tu hijo de tu hijo. También contamos con expertos en terapia infantil.

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